Pasaron treinta años, y ese nombre adquirió estatura propia y universal. En el pequeño estudio que Quino tiene en su departamento de Buenos Aires -ubicado en pleno centro a 15 pisos sobre el nivel del tráfico porteño; confortable, cálido y sin pretensiones-, se despliega en forrna ordenada y prolija el testimonio de la genialidad de Mafalda desparramada por todo el planisferio: ejemplares de sus libros en todos los idiomas y formas posibles; muñequitas de las más diversas procedencias; afiches, premios...

¿Por qué cree que Mafalda no ha perdido vigencia?
- Ni yo mismo lo sé. Tal vez porque muchas de las cosas que ella cuestionaba todavía siguen sin resolverse, de eso no quedan dudas. Es más, a veces me sorprende cómo algunas de esas tiras dibujadas hace más de veinte años todavía pueden aplicarse a cuestiones de hoy. Sin ir más lejos, el año pasado salió en Italia un libro con las viñetas que acompañaban a las tiras de Mafalda en la revista "Siete Días". Estaban separadas por temas: política, economía... Lo increíble es cómo muchas de esas historietas parecían hacer referencia directa a la campaña de Berlusconi.

ManolitoSupongamos que Mafalda hubiese surgido en los '90, y no en los '60. ¿De qué hablaría hoy?
- No sé, de lo mismo... del sida, las injusticias, la eco- logía, la manipulación genética... Es que en realidad desde que dejé de hacerla no me puse a pensar en qué diría. Cada tira de Mafalda me llevaba un día entero de trabajo, desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Pero de todas formas, yo creo que siempre siguen naciendo Mafaldas ¿no? Es más, las Mafaldas de hoy están mucho mejor informadas a través de los medios de comunicación que aquella Mafalda de los '60.

Cuando le toca hablar de su personaje más célebre, a Quino sólo le resta sonrojarse. Es tímido e introvertido, y por momentos tiene una sonrisa tan tierna que parece un Felipe en versión adulta. El toma a Mafalda como una parte importante de su carrera, "pero fueron sólo diez anos, nada más, y yo ya tengo 40 de profesión", aclara.

¿Le molesta hablar de Mafalda?
- No, para nada. Muchos creen que Mafalda me persigue pero no, sólo me acompaña. En mí no se da esa fábula de los celos entre el autor y sus personajes. Además me alegra que la halaguen, porque es parte mía. La gente siempre necesita de un nombre y de un personaje con el cual identificarse; es lógico entonces que se acuerden más de Mafalda: fue el único personaje de historieta que hice. Pero los mismos temas que le preocupaban a Mafalda y que me preocupan a mí, aparecen en las páginas de humor que publico actualmente en la revista de "Clarín".

¿Se puede llegar a modificar algo con el humor?
- No, no lo creo. Pero ayuda. Es el pequeño granito de arena que uno puede aportar para modificar las cosas.

Susanita¿Mafalda logró cambiar algo?
- Yo diría que no. La prueba está en que se sigue leyendo igual que antes. Es decir que siguen vigentes los mismos problemas, las mismas injusticias que hace veinte años.

La historia oficial de Mafalda recorrió, a lo largo de una década de existencia formal, un camino con varios domicilios fijos: apareció en "Primera Plana" poco antes del golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Illia y un año después de que Los Beatles dieran su primer recital en Hamburgo. En ese semanario estuvo hasta el 9 de marzo de 1965. Reapareció en el diario "El Mundo" una semana después y se convirtió a partir de entonces en una tira diaria. El matutino cerró el 22 de diciembre de 1967, y con él también Mafalda. Hasta ese día, la niña fascinante y reflexiva, acompañada de sus amigos, había aparecido en 974 tiras; mientras tanto, los dos primeros números de Mafalda, publicados por la editorial Jorge Alvarez, llevaban vendidos 130.000 ejemplares.

Atrás Home Page Seguir