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El gran "Asado de la Pacha Mama" |
Hubo asados varios.
El ágape en casa de Raúl no fue asado, pero hubo una deliciosa y calma camaradería, donde la virtualidad del c@fé se transformó en una cálida realidad con gente de afuera, de adentro y de los costados.
La hospitalidad fue generosa e infatigable. Las niñas, vestidas con sus mejores pilchas. Los muchachos, deslumbrantes y obsequiosos. Hubo un partido que consagró campeón a los gallinaceos, -con pedidos de perdón a los bosteros alardeadores y fanfas- al que atendimos el Langer, Marsilio y yo y fotos alusivas al triunfo en manos volanderas y alegres.
Se chamuyó de lo lindo en la hermosa y cómoda casa y me encandilaron los libros que discreta e indiscretamente, se prestaban a mi visión voraz, pero no a mi lectura ya que no me atreví a poner mano alguna sobre los lomos que más me gustan. Precisamente esos.
Gentes de adentro, de afuera, del costado, unidos y tratando de que lo virtual se convirtiera en real y placentero, es un intento humano que requeriría más que mis palabras para acercarlo a la interpretación de quienes lamentablemente no pudieron compartir con nosotros esos momentos.
Estaban Daw el Noruego, Marsilio el Mexicano, Drelichman el Raúl como generoso anfitrión, solicito y hospitalario; el trío más mentao de Nicolasa, Susy y Ana Laura. La Laura científica, rebelde y gitana como siempre, aunque también como siempre prudente y corajuda al mismo tiempo. Conocí allí a la célebre descendiente de Karadagian, con un rostro hermoso; a los Gatopato pero no recuerdo si sin gato o sin pato, pues acudió sólo Mónica, encantadora y ocurrente. María Martha (no Serra Lima ya que lucía una elegante figura) El matrimonio Langer, con sus anécdotas brasileñas, ella, una fuerza de la naturaleza; él, distante y reposado enamorado de River Plate. En espíritu, estuvo todo el c@fé haciendo honor y tributo a la delicada acogida de Raúl, que no podría concurrir al asado y que lo sustituyó previamente con una generosa invitación a su casa, poblada de libros, geodas, minerales varios y coloridos con un marco de sobriedad en toda la decoración (la chismosa Valentina que soy fisgoneó toda la belleza de la casa) que brindó sin retaceos y amplia comodidad a los trogloditas reunidos. Un hermoso muestrario de la naturaleza humana en una de sus actitudes más benévolas y solidarias.
Largo anecdotario este, comenzando en mi caso con un error ferroviario que me condujo a viajar más de dos horas para llegar a Gobernador Lemos, estación terminal, después de haber desfilado ante 22 estaciones desde el punto de partida en Federico Lacroze. Desde alli un taxi hasta la COFASA, hermosísimo lugar de recreo veraniego.
Solo que el tiempo no se mostró demasiado favorable y me habían reservado poco asado, por la tardanza en llegar. Estaban otra vez, los de aquí y los de allá, muchos de ellos con sus hijos y la organizacón estuvo a cargo en tan grato lugar, del ya vancouveriano Horacio Waisglus y de Dany te degüello, uno de los Fantasmas de Liverpool. La inclemencia creciente de la temperie nos obligó a manducar en un amplio salón y a divididrnos en mesas redondas y cordiales, donde no se apuntaron afinidades sino lugares donde sentarse a conversar gratamente y a lastrar con denuedo.
El Solsi, la señora, los Langer, los habitues a otras reuniones porteñas, casi todos con su progenie ordenada y prolija que luego de alimentarse, salió al precioso parque lloviznado a corretear sus ansias de libertad y juego.
Alicia Rivero, Daw, R. Molinari, fueron algunos de los argentinos de ultramar que comparecieron en el asado de la Pacha Mama. Jacobito Herbst con su hermosa y discreta esposa gozaron de ese rato de amistad compartida, Yuki y Lula, los veteranos como yo, y toditos compartimos la alegria de estar juntos, la grata sensacion de poder pelearnos cordialmente, y conocí brevemente a un puntal del c@fé: El AMGO González Oliva de Portugal, que tambien participó de un asado atenuado por el clima inhóspito pero no atemperado en el fuego de sus pasiones y sesudos discursos por ese avatar meteorológico.
Irse de tan grata reunión, resultó penoso y quebró la alegría del domingo nublado y lluvioso. Pero dentro de esa nostalgia quedó la esperanza de que la humanidad con buena fe y delicadeza, podría celebrar el triunfo de la solidaria comprensión si todo lo virtual, imaginario e ideal, pudiera reunirse en asados tan cálidos como éste.