Libro de bitácora


Hace por lo menos dos años, le gire a Zonja -que ya en ese entonces tenía la idea de recopilar datos para publicar una historia de la violencia desde el gobierno en la Argentina- varios apuntes vinculados con el genero de vida que acompañó nuestra infancia y adolescencia, en el aspecto indicado.

Teniendo en cuenta que soy mucho mayor que la mayoría de Vds. mi memoria se remonta a mucho tiempo atrás comparativamente y hallo en ella antecedentes de violencia gubernamental y militar, que pueden ser útiles para que NO SÓLO NO SE OLVIDE LO QUE PASÓ EN EL 76 SINO PARA QUE NO SE OLVIDE LO QUE VINO OCURRIENDO DESDE 1930 en adelante y que fue el prefacio para esa escalada de violencia, terror y parálisis que aun nos afecta después de 20 años contados desde el ultimo golpe de Estado en la Argentina.

Y ese Estado con bastante repugnancia lo escribo con mayúscula, pues el Estado soy yo y son Vds. y somos nosotros, que ese es el verdadero contrato social en el cual hay un MANDATARIO dado el sistema implantado según nuestra Constitución y millones de mandantes, que somos nosotros.

Si bien en forma menos ostensible siempre se cometieron abusos y arbitrariedades durante los gobiernos conservadores, la quiebra de un régimen constitucional en 1930 -esa brusca ruptura de toda ley de toda sensatez que comienza por un golpe militar- dio comienzo as la creación de organismo represivos reconocidos e instaurados por el Estado mismo.

Desde el arribo al poder del estamento militar, el Generalato comenzó a vislumbrarse como una forma tangencial, inconstitucional y todopoderosa de llegar al poder absoluto. Y ese fue el germen de todo lo que paulatinamente, desembocó en esa tragedia nacional más numerosa, más terrible y sin cadáveres sepultables, que enluta nuestro país sin miras de que en nuestra alma deje de sentirse el brazal, el ropaje o alguna otra señal interna similar al luto que se estilaba por aquellos años: negro todo.

Sigo con mi Libro de bitácora, y creo que acabe diciendo como un golpe de estado es -en suma- una ruptura total con la ley y con la Carta Magna de un país: su Constitución.

Desligados de compromisos legales, ya pueden hacer un espantapájaros de la ley, burlarse y burlarla, como ocurrió entonces. Desde 1930 a 1932, reinó la voluntad de un Uriburu que encarceló a un octogenario al que desplazó del poder, gracias a la traición del Vicepresidente constitucional, quien soñaba, con la defenestración de H.Yrigoyen, quedarse con el bastón de mando. Pero el Gral bigotudo habrá pensado que quien traiciona una vez....y asumió el mando por dos largos años en que se proscribió la actividad política, se incluyó en dicha proscripción a los radicales que, en la primera elección posible, la ganaron. Era ya el momento, después de Los presos de Bragado y de la creación de organismos represivos en la Policía Federal (Sección Especial del Dpto. Central de Policía) creada por un tal Lugones, pariente directo del poeta y puesta en ejecución con los sicarios de turno, de llamar a elecciones. Y se inventó la componenda de una "concordancia" que permitió el arribo al poder de un candidato militar: el Gral. Agustín P. Justo, hombre políticamente hábil y tramoyista si los hubo para la política. Creo que falleció en 1940 y, si así no hubiere ocurrido, Perón jamás hubiera tenido el poder que su habilidad le confirió.

Finalizado del periodo fraudulento y "seudo constitucional" de este Ingeniero Gral. de Ejército, radicales justistas, advenidos a tal denominación por haber cruzado el charco hacia el conservadorismo -no se si por convicción o por las patéticas miserabilidades y falta de efectividades conducentes (Yrigoyen dixit) en las puertas de la Segunda Guerra Mundial, asumieron el poder constitucional tras un fraude, el radical Roberto M. Ortiz y el Dr. Ramón S. Castillo, como Presidente y Vicepresidente, respectivamente. El Dr. Ortiz tuvo la singular valentía de confesar que ascendió al poder por un contubernio fraudulento, pero que adoptaría medidas para que la Argentina, después de su mandato, no tuviera que elegir de ese modo a sus mandatarios: tal aseveración lo crucificó y fue relevado del poder en 1940, so pretexto de una diabetes que, al causarle ceguera, lo inhabilitaba para el ejercicio de la Primera Magistratura. Todos estos datos revelan, de alguna manera, "el huevo de la serpiente", empollado en las entrañas ávidas de poder de los militares del 30.

Creo que quedé en los años 40, cuando moría Justo y lo sucedía el contubernio Ortiz-Castillo, siendo el primer miembro del binomio el que pagó el precio con su defenestración, al pronunciarse por una Argentina en la que no hubiera más fraude, pese a haber sido él un producto de esa conducta.

Ramón S. Castillo era un viejo y duro conservador catamarqueño, pero un sólido profesor de Derecho Comercial y durante muchos años su libro sobre Quiebras ilustró a los alumnos de la Facultad en esa difícil materia.

Pero gobernar un país que se debate mientras una guerra mundial agosta el mundo; manejar un ejercito también dividido entre aliadófilos y germanófilos, con un grupo seguramente mayoritario de estos últimos, pues la instrucción militar superior fue dictada en los liceos y escuelas superiores del ramo por militares germanos, también le fue costoso. La seudoneutralidad argentina estaba haciendo agua por todas partes y el mundo entero aunque para nosotros en sordina, clamaba por un pronunciamiento pro-aliado o pro-germanofilo ya que la conflagración mundial exigía aliados y enemigos declarados.

Ese ejército dividido, el 4 de junio de 1943 y cuando ya se vislumbraba la derrota hitleriana, se levantó en armas ante la debilidad e inseguridad del gobierno constitucional sustituto que ejercía el Dr. Castillo y, supuestamente, fue encabezado por aliadófilos, que a su vez fueron barridos por el GOU, progermano y que se apoderó del gobierno a través de Pedro Pablo Ramírez, a quien se apodo Presidente Para Rato por sus iniciales.

Sordas escaramuzas se seguían librando en el ejército triunfante, pues algunos oficiales, tenientes coroneles, capitanes, etc. se disputaban fracciones de poder ante su irrupción victoriosa en el campo gubernamental. El tejedor máximo de una red hábil políticamente elaborada, fue Juan D. Perón, quien logró la caída de Pedro Pablo Ramírez y de sus colaboradores, incluyendo a algunos compañeros de armas del GOU, de su mismo grado y conducta.

El advenimiento del Gral Edelmiro J. Farrell al poder, significó el ascenso indudable de Perón, quien lo manejó a su antojo y vio con claridad lo que los antiguos conservadores no habían logrado observar: que se puede comer la torta y y repartir migajas para conservarla entera o casi.

Así, con diligentes maniobras, tres importantes enclaves del Estado pasaron a manos de Perón: con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, la clave obrera; con el Ministerio de Guerra, el dominio del Ejército; con la Vicepresidencia de la Nación, la coronación de sus maniobras, ya que Farrell era arcilla en sus manos.

Continuaré con un pedazo de historia a partir del cual menudearon castigos, prisiones y crímenes que nadie recuerda porque, como fueron menos, parecen no importar ni significar el preludio de los más numerosos y graves que los sucedieron. Pero de todos los cafeteros he oído decir que uno y 30.000, son terrorismo de Estado y eso fue lo que ejerció desde un golpe militar el gobierno de facto instaurado en 1943 y del que resultó beneficiario el famoso Gral. que en paz descanse.

Ignoro en que renglón he dejado de escribir para continuar ordenadamente con mi historia, pero calculo que todo ello acabo con los años 1943-44, con Presidente Para Rato (Pedro Pablo Ramírez) su defenestración y la asunción por parte de Edelmiro J. Farrell, hombre feo pero simpático si los hubo entre militares, pero amigo de las guitarreadas y fiestas empanadas, con lo que a Perón se le hizo el campo orégano (u orejano, como debería decirse) y asumió más o menos tres de los más importantes cargos del estamento gubernamental.

En enero de 1944 se produjo el luctuoso sismo de San Juan y se inicio una colecta publica, con gigantescos termómetros marcadores para indicar el alza de las donaciones y actrices, actores, famosos de varia estirpe, salieron a la calle en una campaña de solidaridad sin precedentes, para paliar el desastre sanjuanino.

Diz que dicen que allí comenzó la alianza o relación o lo que en el futuro se llamaría el matrimonio Duarte-Perón, pues una de las "pedidoras" fue doña Eva Maria Duarte, que ascendió a la fama y a la gloria a través de esos golpes de fortuna, tales como una colecta publica, donde el destino la esperaba para conocer a quien seria triple presidente de la República, y que, en virtud de no se que manejos -que los historiadores cuentan de varios modos- impidió que poco antes de morir Evita, hoy la santa popular, asumiera la vicepresidencia de la Nación, para la cual había sido abundantemente plebiscitada y candidateada, lo que ocasiono, siete años después de ese providencial encuentro, el Día del Renunciamiento en el que, ya enferma, la señora renuncio a esa candidatura.

Pero no debemos apresurarnos, pues la historia se toma su propia cronología.

En el año 1945, después de implantarse en las escuelas clases de religión -Atilio Dell'Oro Maini mediante y militares mandando, los estudiantes olfatearon en el ambiente un tufo de fascismo o corporativismo o en suma y en su caso, restricciones a sus libertades académicas o estudiantiles, genero ocupación de facultades en apoyo de la Reforma y ocasiono cargas de la Policía Montada asesina en pleno centro y proximidades de la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, falleciendo ante uno de esos atropellos el estudiante Aarón Salmún Feijoo, cuyo nombre lleva una calle de nuestra populosa Barracas, barrio del sur de la Capital Federal, lindante con el Riachuelo que divide el distrito federal de la provincia de Buenos Aires. Esos puentes del Riachuelo cobrarían celebridad muy poco después, y no precisamente por la caída legendaria de un tranvía en el Riachuelo, en una mañana neblinosa.

La historia vivida difiera profundamente de la historia contada por especialistas. Les falta la carne, carecen de espíritu y desnudan de toda emoción datos que recogen "sobre el campo" y que en ese ámbito, desdeñan involuntariamente, esa savia de la historia que es el ser humano que la padece o la goza.

Aquí, en casa, tengo a Potash, Luna -que si vivió gran parte de esta historia- a Rouquier, pero la letra fría no contiene la impotencia frente al autoritarismo, no vomita el asco de la libertad cercenada, su narrativa es fría, corregida, calculada y con "perspectiva".

Cuando te duele un músculo tu única perspectiva es precisamente la del dolor. No se puede tomar distancia cuando hay que ingerir analgésicos poderosos para no sentir las punzadas terebrantes de tu vida perdida en un mundo donde todo es hostil, a menos que sometas tu pensamiento a los dictados del mandamás de turno.

Es esa "no perspectiva" la que les brindo desde mis recuerdos y pido disculpas si hay pasión, si hay pena, si hay una necesidad de justicia a ese tiempo que lacero nuestras esperanzas y que las echo por tierra.

Pero bueno, esa falta de cálculo y esa presencia de frialdad, hace que los recuerdos se peguen empellones, s e atropellen en nuestra mente y destierren toda la mitología creada con el transcurso del tiempo para desfigurar la realidad y lograr adeptos para una u otra postura.

Como les venia diciendo, la barbarie del castigo físico, de las Secciones Especiales, de las torturas silenciadas por una prensa amordazada -todos los medios quedaron a merced del Gobierno y publicaban lo que convenía al poder- hizo que en menor escala, pero tan cruel unitaria como multitudinariamente, se vivieran épocas de terror ciudadano, acompañadas de obligaciones de sometimiento al partido gobernante, aunque eso ocurrió cuando el militar hábil, triunfante en sus propósitos, decidió postularse para la primera magistratura del país.

Lo que se pierde de vista, aun con toda la perspectiva que les asigno a los especialistas y a los partidarios, es que Perón era nada más ni nada menos que un emergente de un golpe militar del que se apoderó.

En esa época Europa se desangraba en una conflagración que trajo consecuencias previsibles y de las otras, pero dejaba en libertad de acción a un país que se ilusiono, como tantas otras veces, con un Mesías paternal y generoso.

Pero las ideas nazis y fascistas tenían de un color penoso todo lo que en esos momentos ocurría dentro del país.

La R. Argentina fue uno de los países que tuvo que padecer la vergüenza de declarar la guerra al Eje cuando éste estaba dando sus últimos estertores.

Con ese fin y por esas fechas, todas las empresas alemanas afincadas en el país, fueron puestas bajo un ente -uno de los tantos"!!!- que dio en llamarse "Junta de Vigilancia y Disposición de la propiedad ""Enemiga"" creado para proteger los intereses alemanes en la Argentina.

Metaldinie, Crisoldinie, Electrodinie, Siemens, todo el grupo Dinie cuyos nombres no tengo presentes en este momento, fueron protegidos hasta el armisticio y luego se manejaron discrecionalmente por autoridades argentinas que, con su habitual displicencia en la administración, terminaron por destruirlas. Pero inicialmente, las protegieron. Comenzaban a rumorearse las versiones de que nazis criminales se estaban refugiando en el país merced a la simpatía de Perón por ellos y a las jugosas comisiones que la coyuntura brindaba al poder.

Estudiantes muertos y torturados, dirigentes gremiales perseguidos por no sumarse a ese conglomerado obsecuente que fue la CGT, convertida en un anexo de la Casa de Gobierno...y la ambición de poder del caudillo militar, hicieron que su plataforma política se irguiera sobre un partido creado por Cipriano Reyes , porque Perón no tenía partido para pretender ser candidato civil.

En esos tramos de la propaganda oficial, los hoy llamados "gorilas" decidieron interrumpir esa carrera de honores espurios y de ambiciones desmedidas, pretendiendo entregar el gobierno a la Corte Suprema de Justicia. Pero uno de los vicios fundamentales de la democracia, es esa debilidad bizantina, esa capacidad de cabildeo inútil, esa discusión interminable sobre que se debe hacer y que no, lo que trajo como consecuencia la preparación de un golpe cívico-militar destinado a liberar a Perón, que fue defenestrado en la primera decena del mes de octubre de 1945 y regreso triunfalmente merced a la pueblada que desde La plata, Berisso, Ensenada, fue organizada por los sindicalistas adictos desde Cipriano Reyes hasta muchos otros que cayeron en el olvido. Héroes de esa patriada, fueron condenados luego, desde el poder "constitucional" en cuanto osaron alzar sus voces contra algunas arbitrariedades que no podían comprender, pues estaban preparados para el mana celestial desde su apoyo al Gran Líder, al Salvador de la Patria.

Y no hay amargura en mis palabras. Hay una página de historia viva que nos barrió de las esperanzas, de los estudios, de las protestas naturales de la juventud, so pena de perder la vida o partir hacia el destierro. Habría que leer los Diarios de Sesiones de las Cámaras de ese entonces, para sentir la vergüenza de esa caída moral e intelectual en que se sumió a un pueblo que, como todos y naturalmente, deseaba la prosperidad.

Mañana seguirá, mientras los saludo cordialmente, dejando expresa constancia de que no hay rencor en este dibujo tembloroso de una época. Hay mucha pena, hay desprecio por mitologías incomprensibles, hay el pudor de no reconocer que la zanahoria de siempre guió a gran cantidad de ciudadanos a acoplarse al carro del triunfador.

Contribución de Paulina Ponsowy


Querida Paulina,

Gracias por el recuerdo. Creo que es necesario, sobre todo para las nuevas (y no tan nuevas) generaciones.

Un pequño detalle: Ortiz-Castillo fueron "elegidos" en 1938 al termino del mandato de Agustín P. Justo, quien completó su mandato (falleció' creo que alrededor de 1943).

Una de las justificaciones políticas del golpe de 1943, fue el "cocinado" de la candidatura de Robustiano Patrón Costas, Oligarca entre los Oligarcas, para suceder al viejo Castillo. Sin oposición válida por supuesto, ya que la máquina de la Concordancia estaba en marcha.

Un abrazo
Mario S. Nemirovsky, M.D.


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