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| Hacía calor y atardecía. Mi
vieja 486 terminaba de bajar el correo con el mismo esfuerzo de siempre. En la bandeja de
entrada había quedado exhausto el mail de una tal Pilar Sala. una pintora naif, que me
invitaba a una muestra virtual de su obra en Internet. Algo me decía que se trataba del
principio de mi nueva historia. No me equivoqué. Entré a su página y casi sin darme
cuenta, estaba esperándola en un bar de Humberto I y Defensa. En San Telmo la magia muta
pero nunca se extingue. Sobrevuela las calles, la plaza, las antiguedades. En el bar de la
esquina el sonido a tango lo impregnaba todo. Ella llegó puntual. Con una ansiedad
adolescente pidió una cerveza. Hizo un breve silencio como estudiando el lienzo. Y dio la
primera pincelada a su relato. |
| -A mí me encanta navegar,
chatear. Me enloquece bajar cosas. Todo lo que encuentro nuevo lo bajo. Sale la última
versión del Explorer y me lo bajo. Sale un programa nuevo y me lo bajo. Hasta que la
máquina pobre estalla y tengo que empezar a borrar cosas. Hago unos despelotes bárbaros. -Pero una vez me pasaron una dirección de una página local, a la que entran muchísimos argentinos que están en el resto del mundo. El lugar comenzo siendo un espacio para los argentinos que estaban en el exterior y que extrañaban como locos. Después nos sumamos los argentinos que vivimos acá. -Entre nosotros nos comunicamos de diferentes maneras. Vía E-mail, por chat , por ICQ. Estamos permanentemente en contacto. Con gente de derecha, de izquierda. Con peleas, pero con una onda espectacular. Nos ayudamos muchísimo. Recibo unos 100 mails por dia. Se te ponen los pelos de punta cuando estas en contacto con una realidad desconocida. Con tipos que hace 20 años viven en Dinamarca o en Australia y mueren por un bocado de dulce de leche. Son profesionales que se fueron por el proceso o para crecer económicamente. |
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-Mi debut en este grupo fue
patético. Un día pensé ¿qué le puedo aportar yo a esta gente?. Y dije, voy a
mandarles un cuadro mío en JPG, que quizás no tiene mucha resolución, pero ocupa poco
espacio y les puede venir bien como una nota simpática. Los insultos que recibí. Porque
les hice un tapón en el servidor. Claro, mi cuadro pesaba muy poco, pero se lo mandé a
550 personas. Para colmo a nadie le bajó como imagen. La mayoría solo veía caracteres,
porque lo habría con cualquier programa. Esa fue mi inauguración. Terminé abolutamente
insultada. -Con esta gente charlamos de cualquier cosa. El interés puede ser cualquiera. Una noticia del diario, un chiste o política. Todos dan su opinión y se arman unas discusiones bárbaras. Se hacen hasta colectas cuando alguien la está pasando mal. A un integrante de este grupo que quedó parapléjico le compramos una silla de ruedas eléctrica. Es un canal absolutamente solidario. También nos vemos personalmente. Organizamos asados, acá y en otros lugares del mundo. Se han rifado pasajes para los que no podían viajar. De aquí han salido noviazgos y casamientos. Es gente a la que se le toma un cariño especial. El hecho de tener tanto tiempo de relación escrita hizo que el pasaje de lo virtual a lo real fuera muy natural. |
| -Antes de la pintura hice de todo. Soy Licenciada en Ciencias Políticas.
Trabajé ocho años en el Ministerio de Bienestar Social y tuve la oportunidad de conocer
personalmente a Perón. Después de eso fabriqué ropa. Diseñe remeras para cabezones,
porque mi hijo era cabezón. Vendí sueters, me fui a trabajar con mi viejo y después
puse una empresa propia que fabricaba agendas, cuadernos, lapiceras y libritos para
pintar. Después vino la importación y soné. Ahora tengo una inmobiliaria, porque de la
pintura no se vive. -Con esta cuestión de Internet, en mi casa la historia es muy diferente a la de cualquier familia. Con respecto al télefono, son mis hijos los que me quieren matar a mí. Porque sus amigos no se pueden comunicar con ellos a ninguna hora. Además a mi marido lo tengo reprodrido con el tema de la cuenta telefónica. |
Sin embargo ahora se me fue un
poco la cosa adictiva. Pero antes, en cualquier momento que tenía libre, agarraba el
teléfono y entraba a la red.El peligro de Internet es que podés estar comunicándote con gente de todo el mundo, pero en definitiva no salís de tu casa. Si me pasa a mí, que soy una grandulona, imaginate a un chico. Puede cortarle las relaciones cuerpo a cuerpo, de una manera tremenda. Nosotros con la gente de nuestro grupo nos vemos bastante, pero la mayor parte de relación es escrita. -De cualquier forma, a mi Internet me salvó la vida. Tuvimos un problema económico muy serio y perdimos nuestra casa. Y para mí encontrarme con este grupo de personas en la red fue importantísimo. Despejar mi cabeza y charlar con gente que no eran mis amigos. Que no conocían de mi vida. Que eran otras caras. Fue un cable a tierra inmenso. Me cubrió un vacío muy grande, en un momento en el que quizás mis amigos de siempre no me acompañaron. Esta gente de Internet no estuvo al lado mío diciéndome "pobrecita Pilar", sino hablándome. Escuchándome. |
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| Dejamos el bar y nos
despedimos. Pilar fue a hacerle una visita a unos ángeles de bronce que cuidaban la
vitrina de un anticuario. Después se subió a su auto viejo y desapareció en la primera
esquina. La ciudad no tiene nada de naif. Pero Pilar la veía a su manera. Como quien abre los ojos por primera vez. Con una mirada ideal que regalaba a sus amigos de la red. Esa que necesitan aquellos que extrañan. Que están lejos. |
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| La última melodía del bar me
persiguió algunas cuadras y se diluyó en el aire húmedo de San Telmo. Yo también. |
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| pilars@ciudad.com.ar http://www.tierra.com.ar/pilar Si querés dejar tu comentario sobre esta historia envialo a: historiasdeciudad@ciudad.com.ar Historias de Ciudad es un espacio para los abonados, que habla de sus experiencias en Internet. Si conocés alguna Historia de Ciudad que merezca ser contada envia la información a: historiasdeciudad@ciudad.com.ar |
| Publicado en Ciudad Digital el 10 de marzo de 1998 |