Pilar Sala Historias de Ciudad
Hacía calor y atardecía. Mi vieja 486 terminaba de bajar el correo con el mismo esfuerzo de siempre. En la bandeja de entrada había quedado exhausto el mail de una tal Pilar Sala. una pintora naif, que me invitaba a una muestra virtual de su obra en Internet. Algo me decía que se trataba del principio de mi nueva historia. No me equivoqué. Entré a su página y casi sin darme cuenta, estaba esperándola en un bar de Humberto I y Defensa. En San Telmo la magia muta pero nunca se extingue. Sobrevuela las calles, la plaza, las antiguedades. En el bar de la esquina el sonido a tango lo impregnaba todo. Ella llegó puntual. Con una ansiedad adolescente pidió una cerveza. Hizo un breve silencio como estudiando el lienzo. Y dio la primera pincelada a su relato.

-Empecé a pintar a los cuarenta y pico. Hago pinturas naif con acrílico. Expuse bastante antes de que apareciera la posibilidad de Internet. Pero yo odio las exposiciones. Me da una vergüenza espantosa mostrarme como si fuera una figurita. Para evitar eso hacía serigrafías de mis cuadros. Tenía dos vendedores y de esta forma no tenía que poner la cara ni pelear precios. Hacíamos tiradas de cien por cada cuadro y yo las firmaba una por una. Pero después estuvo la posibilidad de mostrar mis cuadros en Internet. Yo fui la primera en argentina que dio a conocer su obra a través de Internet. Y esta forma de exponer encajó perfectamente con mi manera de ser. Me pareció una salida buenísima para no tener que poner el cuerpo en cada inauguración.

-La gente entra mucho a mi site. Me felicitan desde cualquier lugar del mundo, premian mi página y esto me emociona. Yo me puedo agrandar con algo en lo que me siento segura. Pero como en la pintura soy autodidacta, me quedo sin palabras.

-De la pintura me cuesta vivir, porque tengo un gran conflicto entre lo comercial y lo artístico. Con el arte me cuesta ser comerciante. Yo tendría que poner los precios en las páginas, pero no me sale hacerlo. Vendí cuadros por internet. Pero lo hice porque hubo gente que vio mi página y me escribió. Incluso a mucha no le contesté porque me dio vergüenza ponerle precio a mis obras. Uno las hace con un cariño tan grande, que no es fácil manejar ese tema.

-A la computación la descubrí mucho antes que mis amigos, que mis hijos o los amigos de mis hijos. Porque soy una interesada de todo lo que tenga que ver con el futuro. Porque me gusta todo lo que vaya para adelante.Y porque me aterra quedar afuera de cualquier revolución importante.

-Hace seis o siete años empecé a intentar convencer a mis hijos que si no aprendían computación iban a ser unos analfabetos. Ellos me veían en la computadora tecleando y decían "la vieja esta loca". Un día, uno de mis hijos fue a buscar trabajo y yo le dije "che Federico no querés que te enseñe Excel?". "Pero vos sos loca, esa huevada", me dijo. En la entrevista lo primero que le preguntaron: ¿Excel?. Y el "sí, por supuesto". A la noche vino desesperado "Vieja decime de que se trata ésto por favor".
Ventana con leon
-A mí me encanta navegar, chatear. Me enloquece bajar cosas. Todo lo que encuentro nuevo lo bajo. Sale la última versión del Explorer y me lo bajo. Sale un programa nuevo y me lo bajo. Hasta que la máquina pobre estalla y tengo que empezar a borrar cosas. Hago unos despelotes bárbaros.

-Pero una vez me pasaron una dirección de una página local, a la que entran muchísimos argentinos que están en el resto del mundo. El lugar comenzo siendo un espacio para los argentinos que estaban en el exterior y que extrañaban como locos. Después nos sumamos los argentinos que vivimos acá.

-Entre nosotros nos comunicamos de diferentes maneras. Vía E-mail, por chat , por ICQ. Estamos permanentemente en contacto. Con gente de derecha, de izquierda. Con peleas, pero con una onda espectacular. Nos ayudamos muchísimo. Recibo unos 100 mails por dia. Se te ponen los pelos de punta cuando estas en contacto con una realidad desconocida. Con tipos que hace 20 años viven en Dinamarca o en Australia y mueren por un bocado de dulce de leche. Son profesionales que se fueron por el proceso o para crecer económicamente.

Pilar Sala -Mi debut en este grupo fue patético. Un día pensé ¿qué le puedo aportar yo a esta gente?. Y dije, voy a mandarles un cuadro mío en JPG, que quizás no tiene mucha resolución, pero ocupa poco espacio y les puede venir bien como una nota simpática. Los insultos que recibí. Porque les hice un tapón en el servidor. Claro, mi cuadro pesaba muy poco, pero se lo mandé a 550 personas. Para colmo a nadie le bajó como imagen. La mayoría solo veía caracteres, porque lo habría con cualquier programa. Esa fue mi inauguración. Terminé abolutamente insultada.

-Con esta gente charlamos de cualquier cosa. El interés puede ser cualquiera. Una noticia del diario, un chiste o política. Todos dan su opinión y se arman unas discusiones bárbaras. Se hacen hasta colectas cuando alguien la está pasando mal. A un integrante de este grupo que quedó parapléjico le compramos una silla de ruedas eléctrica. Es un canal absolutamente solidario. También nos vemos personalmente. Organizamos asados, acá y en otros lugares del mundo. Se han rifado pasajes para los que no podían viajar. De aquí han salido noviazgos y casamientos. Es gente a la que se le toma un cariño especial. El hecho de tener tanto tiempo de relación escrita hizo que el pasaje de lo virtual a lo real fuera muy natural.

-Antes de la pintura hice de todo. Soy Licenciada en Ciencias Políticas. Trabajé ocho años en el Ministerio de Bienestar Social y tuve la oportunidad de conocer personalmente a Perón. Después de eso fabriqué ropa. Diseñe remeras para cabezones, porque mi hijo era cabezón. Vendí sueters, me fui a trabajar con mi viejo y después puse una empresa propia que fabricaba agendas, cuadernos, lapiceras y libritos para pintar. Después vino la importación y soné. Ahora tengo una inmobiliaria, porque de la pintura no se vive.

-Con esta cuestión de Internet, en mi casa la historia es muy diferente a la de cualquier familia. Con respecto al télefono, son mis hijos los que me quieren matar a mí. Porque sus amigos no se pueden comunicar con ellos a ninguna hora. Además a mi marido lo tengo reprodrido con el tema de la cuenta telefónica.

Pilar SalaSin embargo ahora se me fue un poco la cosa adictiva. Pero antes, en cualquier momento que tenía libre, agarraba el teléfono y entraba a la red.
El peligro de Internet es que podés estar comunicándote con gente de todo el mundo, pero en definitiva no salís de tu casa. Si me pasa a mí, que soy una grandulona, imaginate a un chico. Puede cortarle las relaciones cuerpo a cuerpo, de una manera tremenda. Nosotros con la gente de nuestro grupo nos vemos bastante, pero la mayor parte de relación es escrita.

-De cualquier forma, a mi Internet me salvó la vida. Tuvimos un problema económico muy serio y perdimos nuestra casa. Y para mí encontrarme con este grupo de personas en la red fue importantísimo. Despejar mi cabeza y charlar con gente que no eran mis amigos. Que no conocían de mi vida. Que eran otras caras. Fue un cable a tierra inmenso. Me cubrió un vacío muy grande, en un momento en el que quizás mis amigos de siempre no me acompañaron. Esta gente de Internet no estuvo al lado mío diciéndome "pobrecita Pilar", sino hablándome. Escuchándome.
Dejamos el bar y nos despedimos. Pilar fue a hacerle una visita a unos ángeles de bronce que cuidaban la vitrina de un anticuario. Después se subió a su auto viejo y desapareció en la primera esquina.

La ciudad no tiene nada de naif. Pero Pilar la veía a su manera. Como quien abre los ojos por primera vez. Con una mirada ideal que regalaba a sus amigos de la red. Esa que necesitan aquellos que extrañan. Que están lejos.


La última melodía del bar me persiguió algunas cuadras y se diluyó en el aire húmedo de San Telmo. Yo también.

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Publicado en Ciudad Digital el 10 de marzo de 1998